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     A mediados del Siglo XIX la educación básica aún era privilegio que sólo las familias poderosas podían disfrutar. México estaba muy lejos de poder ofrecer a la totalidad de los niños la instrucción elemental.
    La educación de la población apenas y comenzaba a ser un asunto del gobierno. Entre las clases media y baja, los escasos conocimientos se transmitían de persona a persona, sin ningún plan.
    Uno de los primeros maestros proporcionados por el gobierno, que existieron en Ciénega de Flores, fue el Gral. Ponciano Cisneros Quiroga, quien en 1853, siendo un joven de apenas 19 años, regresó a su pueblo natal a compartir la enseñanza recibida en Monterrey.
        Percibía un salario simbólico por sus servicios, mismos que prestaba en una improvisada aula a 40 alumnos que con él aprendieron a leer y escribir, así como desarrollaron sus valores morales, según consta en el documento que se adjunta, el cual se realizó a manera de reporte oficial.

     En 1885, el Gral. Cisneros obtuvo el registro oficial de su Fierro para marca de ganado. Contaba con 3 ranchos en los que desarrollaba actividades ganaderas: El Sarro, La Grulla y El Barranco.
        Comerciaba pieles y cárnicos a través de “Maiz Hermanos”, una de las empresas productoras, distribuidoras y comercializadoras más importantes a nivel nacional, cuyo eje de operaciones estaba en Monterrey.
    Este es el documento de autorización oficial del gobierno de Nuevo León.

    De 1890 a 1908, Nuevo León vivió un auge minero debido a la riqueza en fierro, plomo y plata del Cañón del Diente, en la Sierra Madre Oriental al sur de Monterrey, así como en el Cerro del Carrizal en el municipio de Lampazos.

    Tan sólo en 1898 la empresa “Maiz Hermanos”, llegó a realizar ventas de minerales por más de 2 millones de pesos. The Mexican Lead Company, Asarco, Compañía Minera y Fundidora de Monterrey entre otras muchas empresas del ramo, propiciaron la construcción del ferrocarril manejado por The Mineral Railway and Company, para transportar la materia prima al creciente número de fundidoras existentes en la ciudad de Monterrey.

    La vulnerabilidad de la economía metalera era sustentarse en demasía en la exportación a los Estados Unidos, pues las políticas económicas de ese país lo llevaron a una crisis financiera el año de 1907. Si bien el llamado  Arancel McKinley había permitido detonar en 1890 el desarrollo de Nuevo León y Chihuahua, la combinación de la crisis con la baja de los metales en el mercado mundial, hicieron polvo las inversiones de muchos pequeños y medianos empresarios del noreste de México, llevando a la quiebra a algunas empresas financiadas con capital proveniente de la venta de acciones, como la Cia. Minera México Libre, en la que Cieneguenses entusiasmados, como el Gral. Cisneros, habían invertido parte de su capital, mismo que se redujo de oro a recuerdos.

    Lógicamente si en la zona habitaron por cientos de años los indios Apaches-Mezcaleros, aprendimos de ellos su tecnología para hacer buen mezcal.

     En Cadereyta apreciaban este licor, según deja ver Policarpo Gutiérrez de “El Golfo de México” a quien le urgía la primera remesa del año que se produjera en los ranchos del Gral. Ponciano Cisneros, según consta en el original de la Carta-Pedido fechada en octubre de 1895. 

    Fue el 10 de septiembre de 1900, cuando en Ciénega se recibió la noticia de la construcción de la línea telefónica, con un costo total para la población, de aproximadamente 400 pesos. Por supuesto hubo que conseguir jornaleros voluntarios que ayudaran a la instalación de los postes a lo largo del camino, a fin de no incrementar los costos. Así lo deja ver el documento dirigido al Gral. Ponciano Cisneros.

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 Ultima modificación: 01/14/06  Copyright © 2006
Roberto Cisneros Z.